El proceso de revitalizar los oficios y de reconectarse con la naturaleza contribuye a reforzar la organización de la comunidad y mejorar sus posibilidades de incidir en las políticas forestales.
Con la exhibición de piezas de alfarería mapuche inspiradas en el complejo Pitren, existente en la isla y cestería con fibras vegetales, el estreno del cortometraje “Kasrütripay wapi mo” (Recuperar y rebrotar nuestra memoria Isla del Rey) y una orgullosa comunidad de Isla del Rey, culminó el proyecto “Recuperar y rebrotar nuestra memoria: un camino a través de los oficios ancestrales, la alfarería y el tejido en fibras vegetales”, del Programa Ciencia Pública del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
La iniciativa mostró que un camino para recuperar el bosque nativo podría estar en las manos de sus propias comunidades. A través de una residencia de oficios ancestrales realizada en el Hostal San Sebastián de Cordez, lugareños de Isla del Rey se conectaron con la invaluable relación entre sus tradiciones y la salud del ecosistema.
El proyecto postulado y ejecutado por Kasa Wenuleufu, en colaboración con la Comunidad Ecoturística Isla del Rey y la ONG Wekeche Mongen, organizaciones de la Red Bosquentrama, en el marco de la tesis del estudiante de Ingeniería en Conservación de Recursos Naturales de la UACh, Joaquín Ulloa Almeyda. La investigación de Ulloa, titulada “Caracterización del Sistema Biocultural de la Isla del Rey en torno al oficio de cestería con fibras vegetales”, propuso un enfoque colaborativo y horizontal, donde la ciencia no es extractivista, sino que busca fortalecer a la comunidad y generar un impacto positivo en la restauración ecológica.
Oficios como puente al bosque

La idea central, según Rayén Igor Lonkomilla, representante de la Comunidad Ecoturística Isla del Rey y una de las facilitadoras de los talleres en el marco del proyecto, es que los oficios son el puente para reconectar a la gente con la naturaleza. Explicó que la pérdida del bosque nativo, provocada principalmente por las plantaciones forestales, ha generado una “discontinuidad” en las prácticas ancestrales.
“Al reconectar a las personas con la memoria de sus manos, surge esta memoria ancestral, los talleres demostraron la importancia del bosque como fuente de materiales (fibras de ñocha o chupón y arcilla, entre otros) y visibilizan la estrecha relación que existe entre los oficios, la comunidad y la salud del ecosistema”, expresó.
La experiencia transformadora de los participantes da cuenta de ello. Rigoberto López Mansilla, habitante de la isla, recordó que plantas nativas como el chupón (Greigia sphacelata) y el coirón eran utilizados por sus ancestros para construir refugios temporales cuando salían a pescar y debían pernoctar, un conocimiento que ha ido desapareciendo. Por su parte, Andrea del Pilar Reyes Pérez, habitante de la isla y participante de los talleres, relató cómo al ver a Rayén ir a los cerros a recolectar plantas del bosque para tejer cestos, ella y su pareja se sintieron inspirados a sembrar estas plantas en su propio terreno.
Un nuevo camino para la conservación

Para Joaquín Ulloa, estudiante tesista de Ingeniería en Recursos Naturales de la UACh, el kimün mapuche (conocimiento acumulado a través de la experiencia) nos permite entendernos con la naturaleza y son prácticas bioculturales que nos relacionan directamente con la naturaleza.
“Cuando las comunidades practican estos oficios ancestrales, no separan a la naturaleza como un recurso, sino que establecen una relación de reciprocidad. La alfarería y la cestería son elementos simbólicos que tratan de materializar, de alguna forma, esa reciprocidad”, señaló Ulloa.
El proyecto concluyó con una muestra cultural y un cortometraje realizado por la productora Cultura La Gaviota, que dan cuenta del trabajo realizado. Sin embargo, su impacto va más allá de la exhibición. Alcibíades Pinilla, encargado de la Unidad de Bosque y Cambio Climático de SERNAFOR provincia de Valdivia, reconoció que iniciativas como ésta son una fuente de esperanza. En esa línea destacó, “acciones como ésta refuerzan la organización de las personas, y a partir de la organización vamos a poder generar algunas instancias de participación y algunas instancias de decisión con respecto a políticas públicas”.

La evidencia recogida por el proyecto y la tesis de Ulloa demuestran que, a través de la revitalización de la memoria y las prácticas ancestrales, las comunidades no solo recuperan un oficio, sino que también toman un rol activo en la defensa y restauración de los ecosistemas que las sostienen.
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