[Publicado el 23 de enero de 2026, en Diario La Tribuna: Organizaciones exigen aprobar Ley de Prevención de Incendios Forestales tras catástrofe | La Tribuna]
Hoy son casi 40.000 las hectáreas que el fuego ha arrasado en la actual temporada de incendios forestales sólo en las regiones de Ñuble y Biobío (Reporte de incendios forestales de CONAF 11:00 AM 22 de enero). Para la red de organizaciones de Bosquentrama, el Observatorio de los Bosques y las Políticas Forestales, la interrogante de por qué ha demorado tanto la promulgación de la ley que regula la prevención y mitigación de incendios forestales (Boletín N°16.335-14), resuena más que nunca.
Desde sus territorios, donde comparten la vida con los bosques que cuidan, las organizaciones de Bosquentrama reiteran el llamado que hicieron hace más de cuatro meses, cuando solicitaron mediante una declaración y carta enviadas al parlamento, que se diera urgencia a esta ley. Al mismo tiempo, solicitaron espacios para que las organizaciones comunitarias puedan plantear las necesidades y preocupaciones que deberían plasmarse en este instrumento.
Actualmente, la temporada de incendios forestales 2025-2026 ha entrado en su fase más crítica, marcada por condiciones meteorológicas extremas y un preocupante aumento en la agresividad de los focos. Al 22 de enero de 2026, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) reporta un total de 2972 siniestros a nivel nacional, los cuales han consumido una superficie preliminar de 63.522 hectáreas. La situación ha escalado rápidamente, manteniendo el Estado de Catástrofe para las regiones de Ñuble y Biobío, donde temperaturas sobre los 38°C y vientos cálidos dificultan la contención de las brigadas desplegadas en el territorio.
Las estadísticas revelan una concentración de daño alarmante en la zona centro-sur: la Región de Biobío lidera la afectación con 38 incendios y 31.378 hectáreas arrasadas, mientras que en la Región de Ñuble se mantienen 10 incendios y la superficie afectada llega a las 8.281 hectáreas.
Según los análisis técnicos de CONAF y los informes de causalidad de SENAPRED, el 98,7% de los eventos están vinculados a la actividad humana, sugiriendo que el 75% de estos incendios habrían sido evitables con medidas preventivas básicas, lo que subraya la fragilidad de nuestra infraestructura natural frente a la negligencia y la crisis climática.
Ante este panorama devastador que se vive en diversas regiones del país, desde el Observatorio de los Bosques y Políticas Forestales se reitera el llamado urgente a avanzar en la tramitación de la Ley de Prevención y Mitigación de Incendios Forestales. Las organizaciones de territorios afectados por incendios forestales exigen que la nueva ley incorpore participación ciudadana vinculante en los planes y programas de prevención, planificación territorial focalizada en la minimización de riesgos, capacitación, financiamiento y fortalecimiento de organizaciones comunitarias que ya están trabajando en la prevención y que se establezcan regulaciones más estrictas a los monocultivos forestales y otros proyectos productivos que actúan como factores de riesgo para la ocurrencia de incendios.
Esta desconexión entre la urgencia en los territorios y los plazos legislativos es denunciada por los propios habitantes. Marcela Morandé, dirigente de la Agrupación de Mujeres Raíces del Sol de Collipulli, advierte sobre la desprotección que viven frente a las grandes empresas.: “Siento que nos pasan la responsabilidad a nosotros, cuando son las forestales y el Estado los que debieran estar cuidando a las comunidades”, opinó.
Gestión integral y prevención comunitaria

Faenas para extinguir focos de incendio en Florida, región del Biobío. Fotografía de Rodrigo Parés.
Rodrigo Vargas, Presidente de la Agrupación Canal del Chacao, Quilpué, sostiene que la Ley de Incendios es solo una pieza de un conjunto mayor, que debe incluir normas de construcción, planes de emergencia comunitarios y una coordinación multisectorial que no dependa solo de la “reacción” estatal. “Tenemos que buscar la manera de poder estar preparados antes del incendio. Prevenir y no estar como ahora reaccionando. Tenemos que tener una hoja de ruta, no tenemos una hoja de ruta; siempre estamos reaccionando y siempre estamos reconstruyendo”.
Agregó, “nos falta, por ejemplo, cómo se construye en los sectores que son urbanos forestales, cuáles son los materiales de construcción, cuáles son las medidas de mitigación. No tenemos una norma de construcción para este tipo de situación”.
Desde la comuna de Santa Juana, Región del Biobío Raúl González de Oficios de Nahuelbuta destaca el impacto crítico de los monocultivos y el uso de suelo en la propagación de incendios. Denuncia la falta de restricciones a las empresas forestales y la persistencia de plantaciones colindantes a zonas pobladas y carreteras. “Todas las plantaciones están apegadas a las carreteras principales, nunca se ha cambiado esa forma de organizar la ciudad. Se incendian los monocultivos y vuelven a plantar ahí mismo, cerca de viviendas y de caminos. Ojalá se logre generar mayores restricciones, mayores fiscalizaciones a estas empresas que en realidad son el origen de este problema. Acá nosotros nos salvamos solos porque estamos totalmente aislados”.
Al igual que en el territorio centro sur del país, en la Región de Los Ríos los ecosistemas de bosques nativos resisten junto a sus comunidades ante el implacable avance de las forestales. Cristian Peralta de la Agrupación Ecoturística Isla del Rey (comuna de Corral) destaca con alarma que, al ser Isla del Rey un territorio aislado donde el 48% es monocultivo forestal (de Arauco, Anchile y Forestal Tornagaleones), frente a incendios forestales están atrapados, sin tener “donde más arrancar”. “Anchile, que es una de las forestales que está más cerca de nosotros, donde están nuestros flujos de agua, no contestan los correos, no tienen cortafuegos. Ni siquiera le dan trabajo a la gente de acá”, opina con tono angustiado ante los riesgos de incendio y la indiferencia de sus vecinos.
Hace unos días la alarma de incendios también resonó en el norte. Esta vez las llamas quemaron parte del sector conocido como Cerro Los Castaños muy cerca de la Reserva Natural Altos de Cantillana en la comuna de Paine. Fabiola Videla, Presidenta del Comité Ambiental Comunal de la comuna de Paine se suma a las preocupaciones de sus compañeros /as de la Red Bosquentrama al manifestar lo vulnerable que se sienten en los territorios frente a la amenaza del fuego. Para ella, este evento no es solo un incendio más, sino una alerta crítica sobre cómo estamos perdiendo ecosistemas invaluables.
Al respecto dijo, “es un ecosistema único. Entonces, cuando vemos que eso ocurre y que la respuesta legislativa sigue ahí, durmiendo o estancada por intereses que no son los de la protección de la vida, es desesperante. Cada día que pasa sin esta ley, es un día más que dejamos desprotegido nuestro patrimonio natural, que es finalmente lo que sostiene la vida en los territorios. Sabemos que una Ley no es suficiente, que debemos involucrar a la ciudadanía, pero es un gran avance hacia una verdadera protección de la vida humana y de la naturaleza. Lo ocurrido en el sur no es solo un incendio más, es pérdida de biodiversidad que no vamos a recuperar”.
La urgencia legislativa no es solo una cuestión de plazos administrativos, sino una necesidad vital para quienes habitan las zonas de interfaz. Marcela Morandé, dirigente de Collipulli e integrante de la red Bosquentrama, relata el complejo escenario que viven actualmente con incendios reactivados en sectores como Pidima (a 9 minutos de Collpulli) y hacia el norte de la comuna. Para ella, existe una “desconexión total” entre la discusión política y la realidad rural.
La dirigente describe un estado de “psicosis” y agotamiento emocional que está llevando a muchas familias a considerar abandonar sus tierras. “Todos los años es un estrés tremendo y cada año los incendios son peores”, lamenta, subrayando que mientras el poder y las tierras sigan concentrados sin una regulación estatal firme, el ciclo de destrucción y muerte parece no tener fin. “Es impresionante y no hay un atajo, por qué tienen que pasar todas estas muertes y esta destrucción terrible…es terrible”.

La vigilancia: una acción clave de la prevención
“Hay días en que el aire es irrespirable”, comenta Ricardo Medina, Presidente de Peuma Florida, otra de las organizaciones activas de Bosquentrama que resiste en la comuna de Florida, Región del Biobío. Allí se mantiene alerta a los focos activos y a las condiciones climáticas, especialmente a la dirección del viento que veleidosamente determina el alcance de las cenizas. Allí se mantiene atento a sus vecinos/as y a cualquier requerimiento que pueda surgir de alguien de su comunidad.
“Todos los años, lo mismo, lo único que este año se adelantó a la primera quincena de enero, lo cual es terrible porque hay que llegar a fin de mes y después viene febrero, que es lo más crítico”, señala con sentimiento de frustración. “Al final todo el mundo trabaja para las forestales, porque ellos no asumen su responsabilidad. Tienen un negocio que les reporta mucho dinero y que genera muchas complicaciones para las comunidades”, afirma.
En este punto explica, “el gran problema que tenemos es que cuando las forestales compran los predios, los abandonan. Entonces, es distinto cuando tienes un predio habitado por alguien: un guardabosque, un cuidador. Eso en prevención se llama vigilancia y ellos no ejercen la vigilancia de esa forma. Todo está pensado en el combate; nada en la prevención. La prevención implica que si tienes a una persona viviendo ahí, se relaciona con el resto de la comunidad y entre todos nos cuidamos”.
Es enero de 2026 y las llamas avanzan en diferentes partes del territorio consumiendo vida a su paso. La desazón de las organizaciones aumenta no sólo por la catástrofe que enluta al país, sino porque año tras año ocurre exactamente lo mismo. El 21 de enero, la Comisión de Hacienda del Senado aprobó el despacho de las indicaciones del proyecto de Ley de Prevención y Mitigación de Incendios Forestales y el debate ahora pasa a sala del senado. Las comunidades no pueden seguir esperando. Se espera que legisladores/as empaticen con las personas y escuchen las necesidades de los territorios que están cansados de vivir con terror cada verano.
Bosquentrama, el Observatorio de los Bosques y las Políticas Forestales, es una iniciativa ejecutada por la Agrupación de Ingenieros/as Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), en colaboración con CIEM Aconcagua y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), que cuenta con financiamiento de la Unión Europea para su implementación. Actualmente la Red está formada por Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que se encuentran entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos.

Viviendas en Florida, Biobío, rodeadas por incendios a corta distancia. Fotografía de Rodrigo Parés.



