La comunidad Campo de Jahuel, organización de la Red Bosquentrama, destaca las nuevas obras como un hito importante de gobernanza, en la misión que tienen con el Santuario El Zaino-Laguna Copín: la conservación de un ecosistema único.
Tras más de dos décadas de esfuerzo por proteger y poner en valor su territorio, la Comunidad de Campo Jahuel, en la comuna de Santa María, Región de Valparaíso, dio un paso histórico en la gestión de su patrimonio natural.
La reciente inauguración de una caseta de guardaparques en el ingreso al Santuario de la Naturaleza El Zaino-Laguna Copín no solo mejora la infraestructura del lugar (portón, caseta de guardaparque y baño), sino que consolida un modelo de administración territorial fuertemente arraigado en el compromiso local. El acto contó con la presencia del Alcalde de Santa María Claudio Zurita Ibarra, junto a la comunidad de Campo de Jahuel, inaugurándose oficialmente una caseta de información y servicios para recibir a los visitantes.
Para Pamela Silva, Secretaria del Directorio de la Comunidad de Campo Jahuel, este logro tiene un profundo significado. Al respecto dijo, “para nosotros, la nueva caseta es mucho más que la infraestructura que se ha hecho; también simboliza la gestión comunitaria que hemos hecho”. La dirigente destacó que la obra permite marcar una presencia activa y relevar el rol fundamental que tiene la comunidad en la conservación del ecosistema.
Mientras que Rayen Ibacache, Gestora Territorial de Bosquentrama, expresó, “es un honor haber soñado este proyecto junto a la Comunidad de Campo Jahuel. Este hito marca la concreción de uno de los grandes anhelos de la Comunidad, y que, sin lugar a duda, da cuenta de la perseverancia, el tesón y el admirable trabajo que han sostenido en el tiempo para avanzar en sus objetivos de conservación y el resguardo de su cultura, así como también en la protección de las vidas que han sido y siguen siendo parte sustancial de este entramado socio-ecológico”.
Control, turismo respetuoso y protección de tradiciones
La nueva instalación funcionará como una herramienta clave para la protección del santuario, cuya superficie abarca 6.742 hectáreas de ecosistemas de precordillera y cordillera de los Andes. Permitirá llevar un mejor control de los visitantes para prevenir riesgos de incendios —más garantías para que se respete la prohibición de hacer fogatas— y promover una gestión adecuada de los residuos para no dañar la flora y fauna nativa.
“Nosotros queremos potenciar que exista un desarrollo en el turismo, pero que todo esto sea muy respetuoso y a través de esta caseta lo podamos regular bien, para que todas las personas puedan ser conscientes de lo que significa contar con este santuario”, explica.
Asimismo, la gobernanza local busca equilibrar la conservación con la cultura tradicional de los arrieros que transitan por la zona. “Nosotros tenemos una autonomía territorial que demuestra cómo como comunidad podemos ser los mejores protectores de este lugar que es nuestro y por el que han pasado muchas generaciones. No queremos que se pierda, es parte de nuestra cultura”, afirma la Secretaria del Directorio. En este sentido, van a establecer nuevos protocolos de ingreso que exigen, por ejemplo, que tanto el ganado como los perros de visitantes y arrieros ingresen vacunados.
El Santuario como “Aula abierta”

El enfoque educativo es otro pilar fundamental de esta nueva etapa. Pamela Silva, quien también se desempeña como directora de una escuela de la localidad, visualiza el santuario como un espacio pedagógico inestimable. “Esta caseta que inauguramos es como el primer punto de contacto para que cada visitante entienda que este va a ser un lugar sagrado, pero también frágil, y que va a depender de todas las personas que ingresan el cómo se tiene que cuidar”, reflexiona.
La visión a futuro es integrar a las nuevas generaciones en la conservación activa. “Para nosotros el santuario es un aula abierta, un laboratorio natural que tenemos ahí, y que está abierto para todos los estudiantes de escuelas y universidades que puedan venir a hacer estudios”.
Un sueño concretado gracias al trabajo en red
El camino hasta aquí no ha sido sencillo. Silva recuerda con emoción a los dirigentes que trabajaron durante más de 20 años hasta lograr la declaratoria del santuario como respuesta comunitaria ante la amenaza de la minería. Verlos hoy interactuar en la nueva infraestructura —en el marco del acto inaugural— fue un momento emotivo para la comunidad.
La concreción de estas obras fue posible gracias a recursos proporcionados desde la comunidad y aportes recibidos del Observatorio de los Bosques y las Políticas Forestales —Bosquentrama—. “Teníamos esto en mente hace muchos años, pero no habíamos concretado. Gracias a todo el apoyo que nos brindaron pudimos concretar este sueño. Viene a marcar un hito importante en nuestra comunidad de campo y también en nuestro santuario, que es un lugar que nos ha costado proteger”, señala Silva.
Con el respaldo de la comunidad y un compromiso al 100%, la Comunidad de Campo Jahuel ya proyecta sus próximos desafíos. Motivados por el éxito de esta inauguración, la próxima meta trazada en conjunto con la escuela local y los vecinos, es la pronta implementación de su propio vivero para seguir haciendo de la conservación comunitaria una forma de vida.
Bosquentrama, el Observatorio de los Bosques y las Políticas Forestales, es una iniciativa ejecutada por la Agrupación de Ingenieros/as Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), en colaboración con CIEM Aconcagua y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), que cuenta con financiamiento de la Unión Europea para su implementación. Actualmente la Red está formada por Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que se encuentran entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos.



