Desde el Valle de Quilicura y sus quebradas, lugar que alberga un remanente de bosque esclerófilo y matorral espinoso mediterráneo, organizaciones con trayectoria ambiental y tres años en la Red de Bosquentrama, conversaron sobre las políticas forestales vigentes e intercambiaron sus experiencias en la búsqueda de estrategias para cambiar el actual modelo de desarrollo forestal.
Con la participación de organizaciones de las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins, Bosquentrama, el Observatorio de Los Bosques y la Políticas Forestales celebró el encuentro territorial “Quillay” el 4 y 5 de septiembre, en la comuna de Las Cabras. Entre las organizaciones de la Red estuvieron presentes el Comité Ambiental Comunal (CAC) de Paine, Agrupación de Arrieros Río Clarillo, Anfitriones y Panoramas, Consejo Consultivo Río Clarillo, Asociación de Comuneros Llanos de Caleu, Comunidad de Campos de Jahuel, Comunidad Agrícola Serranía El Asiento, Agrupación Canal Chacao para la Prevención de Incendios Forestales y Seguridad y Defencura Nagual.
Junto a los representantes de las organizaciones del territorio, participaron el director de Bosquentrama Pablo Parra, la gestora territorial Rayen Ibacache, el director de CIEM Aconcagua Jorge Razeto y los socios de la Agrupación de Ingenieros /as Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN): Sergio Donoso, presidente; Alfredo Unda y Andrés Meza.
En estos paisajes, donde quillayes, peumos, litres, boldos y espinos crecen adaptados a la aridez de la zona central, evaluaron las políticas forestales vigentes a la luz de las realidades y demandas de las organizaciones territoriales, enfocándose en la conservación del bosque nativo, la escasez de agua, el control del riesgo de incendios y la necesidad de anticiparse al daño ambiental. Las actividades se realizaron en El Huingueral, casa de Luis Carlos Castro, presidente de Defencura Nagual (Defensores del Bosque Nativo, Cuenca y Aguas del Cachapoal), organización anfitriona de este encuentro e integrante de la Red de Bosquentrama.
El de “Quillay” es el último encuentro territorial de Bosquentrama durante este año. Al realizar un balance del proceso —tres años de Bosquentrama—, la gestora territorial Rayen Ibacache calificó la iniciativa como un éxito, destacando la consolidación de un tejido colaborativo, junto a organizaciones campesinas y rurales vinculadas a la historia del bosque nativo. Subrayó que conformar una red autónoma e independiente fue una labor de largo aliento construida “granito a granito, reunión a reunión y conversa con conversa”, atribuyendo el verdadero mérito a las propias comunidades por abrir sus puertas para reflexionar y trabajar de manera conjunta.

Voces de los territorios
Así, el cúmulo de experiencias da cuenta de una red que madura e insiste en su afán por ser escuchada. En esa línea, para Marcos Ulloa, presidente de la Agrupación de Arrieros Río Clarillo, un punto básico es que las políticas públicas les reconozcan como parte del ecosistema. Con ese sentido destacó, “nos gustaría que se reconozca a las comunidades que hemos cuidado el bosque por años y nos revalorizaran dentro de ese funcionamiento; nosotros nos consideramos una biodiversidad incluida en ese ecosistema”.
Para Luis Carlos Castro, presidente de la organización anfitriona, la defensa del bosque nativo en el Valle Quilicura y la cuenca del Cachapoal está estrechamente ligada a la supervivencia de los cursos de agua y al bienestar de la población rural. Al respecto indicó, “no es solamente un cuento de bosque nativo, es todo lo que viene de atrás: agua subterránea para los acuíferos y para los comités de Agua Potable Rural (APR), que dependen de eso para no quedar secos. El bosque nativo actúa como esponja para retener el agua”.
Como han manifestado en cada encuentro desde que la Red se formó, las OSC coinciden en la desconexión que existe entre el diseño de las normativas desde el nivel central y la realidad de los territorios. Un tanto agotada por insistir en este punto Fabiola Videla, presidenta del Comité Ambiental de la comuna de Paine, se refiere a las políticas forestales, “se diseñan y se ejecutan en una oficina y bajan a los territorios una vez que ya están listas, sin la voz de las comunidades”. Pero no sólo eso, sino que cuando la fiscalización del Estado llega, es tarde. “Estamos hablando de árboles que llevan 400 o 500 años en los territorios; ese daño no se puede traducir en plata por más que se cobre una multa. La fiscalización debe ser preventiva e incorporarse en los planes comunales”, enfatizó.
La preocupación de Pamela Silva, de la Comunidad de Campos de Jahuel —custodios del Santuario El Zaino Laguna El Copín en Santa María— es similar al insistir en la necesidad de un acompañamiento técnico integral oportuno. “Pedimos que las políticas se adelanten a las amenazas y no actúen cuando el daño ya está ocasionado, protegiendo matorrales, vertientes, vegas y aguas esenciales para la comuna”, señaló.
A su vez, José López, representante de la comunidad Agrícola Serranía El Asiento, comuna de San Felipe, instó a las autoridades a ser coherentes, “hay mucha exigencia hacia las comunidades, pero cuando llega el momento de representarlas o apoyarlas, hacen oídos sordos”.
Durante el encuentro de Bosquentrama los dirigentes también abordaron temas propios de gestión del riesgo, como Rolando Tapia, director de las Jornadas de Mitigación de la Agrupación Canal Chacao, que puso el acento en la urgencia de una ley que obligue a los dueños de predios a asumir medidas de resguardo. Recordó los graves incendios forestales que afectaron a su zona en febrero de 2024 e instó a incorporar en la educación escolar experiencias prácticas como la creación de cortafuegos vivos con docas.
Mientras que Pedro Segure, presidente de la Asociación de comuneros Llanos de Caleu, fue enfático y concluyente al señalar la necesidad de hacer un cambio de paradigma en el fomento forestal, cuyo foco histórico ha sido el pino y el eucalipto, para volcar todos los incentivos y esfuerzos del Estado hacia la conservación y regeneración de especies nativas.
Palmas de Cocalán
El encuentro continuó en la Hacienda Las Palmas de Cocalán. La histórica hacienda —cuyos orígenes productivos se remontan a fines del siglo XIX— está emplazada en el Valle de Cocalán y alberga una de las mayores y más valiosas concentraciones de palma chilena (Jubaea chilensis) del planeta, con miles de ejemplares que destacan por ser los de mayor altura y grosor del país. Allí los representantes de las organizaciones (CAC de Paine, Asociación de Comuneros Llanos de Caleu, Comunidad de Campos de Jahuel, Comunidad Agrícola Serranía El Asiento, Agrupación Canal Chacao para la Prevención de Incendios y Seguridad, y Defencura Nagual) se internaron en senderos entre cientos de palmas que también pudieron contemplar desde las alturas, en el mirador Quillay.
Bosquentrama es una iniciativa ejecutada por la Agrupación de Ingenieros/as Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), en colaboración con CIEM Aconcagua y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), que cuenta con financiamiento de la Unión Europea en Chile para su implementación. Actualmente la Red está formada por 40 Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que se encuentran entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos.



